Apreciado Sr. Peresidente: Le envío esta misiva con la clara intención de pedirle su ayuda a modo de consejo, pues me he dado cuenta que personas de todo el mundo le hacen llegar consultas sobre temas diversos, hecho que me hace pensar que Usted dispone de un grupo que sabe solucionar problemas. Antes de empezar, me gustaría decirle que no voy a firmar con mi nombre pues me quiero amparar en el anonimato. Soy el hijo pequeño del dueño de Horfasa y estoy seguro que a mi padre no le haría ninguna gracia que mi nombre se relacionara con lo que le voy a exponer. Además, como vivo en Soses, un pueblo muy pequeño donde estas noticias corren más que el Ave, prefiero que nadie sepa que mi mujer se llama Marta Florensa. Es por esto que le pido máxima discreción y que nadie se entere de quien soy (hostia, rima con Montoy, que es mi apellido). Dicho esto, le pido disculpas por escribirle en castellano (ya se que su lengua materna es el catalán), pero prefiero hacerlo en la lengua del estado español, pues cuando escribo en catalán me conocen la voz (tengo una manera de hablar un poco peculiar).
Después de estas aclaraciones y entendiendo que Usted me las va a consentir, paso a relatarle los hechos: Hace más de 40 años que no practico sexo con nadie y, teniendo en cuenta que acabo de cumplir 19 años, entenderá que es mucho tiempo. No entiendo mucho de números, pero con una simple resta me atrevería a decir que soy virgen. Hasta aquí no hay mucho problema, pues al no haberlo probado, tampoco sé lo que me pierdo. Mi incomodidad radica en que en los últimos meses me he dado cuenta que mis gustos no se corresponden con lo que la sociedad interpreta como normales. Hasta aquí Usted puede pensar que le ha llegado otra carta del típico homosexual que no se atreve a salir del armario… pues nada más lejos que la Coruña, mi problema no va por ahí.
Después de estas aclaraciones y entendiendo que Usted me las va a consentir, paso a relatarle los hechos: Hace más de 40 años que no practico sexo con nadie y, teniendo en cuenta que acabo de cumplir 19 años, entenderá que es mucho tiempo. No entiendo mucho de números, pero con una simple resta me atrevería a decir que soy virgen. Hasta aquí no hay mucho problema, pues al no haberlo probado, tampoco sé lo que me pierdo. Mi incomodidad radica en que en los últimos meses me he dado cuenta que mis gustos no se corresponden con lo que la sociedad interpreta como normales. Hasta aquí Usted puede pensar que le ha llegado otra carta del típico homosexual que no se atreve a salir del armario… pues nada más lejos que la Coruña, mi problema no va por ahí.
Todo empezó una tarde de verano, más exactamente el 25 de diciembre a las 4 de la madrugada, cuando de la chimenea de nuestra llar de foco (en inglés “house of fire”) descendió una especie de extraterrestre friki, o sea, un tipo gordo y bajito ataviado con un traje rojo hortera y con detalles en blanco y con más pelo que la espalda de Dueñas. Pensará Usted que me asusté, pero no fue así, la que se asustó fue mi mujer pues, me entró tal risa al ver que el gordito de rojo se había encallado en la chimenea, que llegué a quedarme sin respiración, cosa que provocó el inmenso susto de mi amada esposa. Un copo solventado el incidente (no el de la respiración, sinó el del gordito encallado), procedimos a charlar con el sujeto que confesó que era Santa Claus. Evidentemente, todos sabemos que no existe y que son los padres, pero los míos estaban de vacaciones en Bobera y eso no se lo creía ni el mismísimo Urdaci. Además, mi padre tiene las llaves de mi casa y, por lo tanto, no hace falta que suba al tejado y todas esas historias. El Gordito se mantuvo en sus trece (más o menos porque a la cuarta ya perdí la cuenta) y decidimos seguirle la corriente porque alargar la discusión no nos llevaba a ningún sitio, y realmente donde queríamos llegar era a Lleida, pues la intención era ir a comprar al Carrefour. Bueno, hay que reconocer que en casa aun le llamamos Pryca, llámeme sentimental, pero es un nombre que siempre nos ha llegado. Realmente nos llegó por correo, en uno de esos típicos buzoneos que efectúa esta cadena de supermercados y que resultan tan molestos pues llenan el buzón y luego ya no cabe la factura de la luz, que con tanta alegría esperamos. Hablando de la luz, ya habrá visto que muchas luces no tengo, pues ya ni me acuerdo el motivo de mi consulta, pero la verdad es que el mero hecho de hablar con usted me ha calmado la angustia. Debe ser por su tono de voz tan cordial.
Sólo me queda felicitarle porque me ha solventado el problema y pedirle disculpas si le he importunado con mis preocupaciones. Por cierto, ¿nos conocemos? No se, no se, creo haberle visto alguna vez…¿no tendrá Usted algún traje rojo?
Sólo me queda felicitarle porque me ha solventado el problema y pedirle disculpas si le he importunado con mis preocupaciones. Por cierto, ¿nos conocemos? No se, no se, creo haberle visto alguna vez…¿no tendrá Usted algún traje rojo?
5 comentaris:
jua jua jua jua jua jua jua jua jua jua jua jua jua... jua
(sense paraules)
las clavao, nen:
"un tipo gordo y bajito ataviado con un traje rojo hortera y con detalles en blanco y con más pelo que la espalda de Dueñas"
ese es el president!!!
No cal dir que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", encara que m'ha dit la meva filla que lo de ser verge és veritat... no sé, no sé...però ella no hi era el dia que la vam "fabricar", i jo sí!!!!
com diria l'Star... s'ha d'analitzar pas per pas
ingenio y humor conviven en este post con una calidad asombrosa. Sigue así.
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